¿Cómo me relaciono con la comida?

¿Cómo me relaciono con la comida?

A menudo en la consulta aparecen pacientes que vienen para perder peso que han intentado llevar a cabo infinidad de dietas y no han conseguido su objetivo pero… ¿y si el problema no fuera la dieta en si sino la forma que tenemos de alimentarnos, o denominado de otra forma, nuestra relación con la comida?

 

Quizás la persona lleva a cabo durante un tiempo la dieta a raja tabla pero pasado un tiempo entra en un bucle de altibajos emocionales que le llevan a la desesperación, la impaciencia por conseguir el peso ideal, la frustración, incluso la culpa o el victimismo. Todos estos aspectos emocionales en nuestra relación con la comida se deben tener en cuenta y afrontarlos para poder alcanzar el objetivo más importante, que en definitiva no es perder una serie de kilos para luego volverlos a recuperar, sino llegar a un peso saludable en el que nos encontremos a gusto con nuestro cuerpo, que nos permita llevar una vida saludable y disfrutar de una alimentación equilibrada que se pueda mantener el resto de nuestra vida.

 

Existen una serie de hábitos que intentan enmascarar o controlar algunas emociones, como pueden ser evitar, negar o rendirse a una emoción.

Cuando evitamos una emoción y nos refugiamos en la comida sólo conseguimos seguir en el mismo estado, no avanzamos.

Si negamos la emoción como si no existiera, ésta sigue creciendo en nuestro interior y cada vez nos hará más daño.

Si nos rendimos y nos comportamos como víctimas en vez de intentar afrontarla y pensamos que siempre estamos peor que los demás, al final acabaremos creyéndonos nuestra propia mentira.

Para abandonar estos hábitos tóxicos que a menudo se “solucionan” comiendo más de lo que necesitamos, de forma compulsiva o por gula, y que acaban tirando por tierra todo el esfuerzo realizado, podemos utilizar las emociones de forma positiva en vez de negativa.

 

Cuando hablamos de comer emocionalmente nos referimos a usar los alimentos para afrontar emociones y no para nutrirnos, como por ejemplo cuando nos hinchamos a comida basura en momentos de aburrimiento o estamos nerviosos ante una situación y engullimos lo primero que vemos sin darnos ni cuenta de la cantidad o de que incluso no tenemos hambre en ese momento.

A veces sucede ante emociones que pueden ser negativas como el dolor de una pérdida o el estrés y otras positivas como una celebración importante pero lo cierto es que no siempre son acontecimientos importantes y a veces son situaciones cotidianas, lo que lo convierte en una relación tóxica.

 

¿Cómo saber si eres un comedor emocional? Planteándote cuestiones como estas puedes darte cuenta si comes de manera emocional:

¿Buscas comida por razones que no tengan que ver con tener hambre?

¿Sabrías identificar entre hambre fisiológica o deseo de comer un alimento en concreto?

¿Piensas frecuentemente en la comida?

¿Te premias, consuelas o entretienes con la comida?

Cuando piensas en una celebración, ¿se te ocurren actividades diferentes a la comida?

¿Disfrutas en otras actividades tanto como con la comida?

¿Te saltas comidas o comes sin saber qué o cuanto si estas estresado o dolido?

 

Cada emoción experimentada lleva un mensaje asociado que hay que saber escuchar o leer y utilizar para guiar nuestro comportamiento.

A veces las emociones nos dirán que todo va sobre ruedas, que estamos haciendo lo correcto pero si no es así debemos rectificar, quizás pedir ayuda, o también modificar nuestra relación con el entorno, o nuestra manera de ver las cosas.

 

Aprender a gestionar las emociones es un proceso de entrenamiento personal que necesita un estado de calma, no tomar decisiones precipitadas o en un momento de colapso o estrés emocional.

La relación con la comida ha podido ser aprendida a través de experiencias previas, como puede ser cuando se premia a un niño por hacer algo bien con un dulce de forma habitual  y los estudios demuestran que casi siempre se eligen como alimentos “consuelo” aquellos ricos en grasas e hidratos de carbono como son pizzas, helados, bollería,etc., ya que activan sustancias químicas como la dopamina que producen sensación de satisfacción y logro de manera adictiva y bloquean otras que producen sensación de saciedad, por lo que siempre podríamos “comer un poco más”.

 

El problema de comer emocionalmente está en que además del perjuicio en la salud, aspecto físico,etc, las emociones perduran tras la ingesta de alimentos y tras el atracón es probable que te sientas peor que antes de haberlo hecho.

La clave es tomar conciencia de la situación y diferenciar  cuándo tenemos hambre física y hambre emocional.

 

POSIBLES SOLUCIONES A ESTE TIPO DE CONDUCTAS

  1. Indagar la causa de comer y cambiarla por otra conducta. Si estamos aburridos o nos sentimos solos llamar a alguien, quedar con amigos o familiares. Si es por estrés, realizar algún ejercicio físico, meditación, escuchar música relajante… Si es cansancio, organizar las tareas para acostarte antes y descansar, ya que la comida no sustituirá ese descanso. Si es para posponer tareas pendientes, aprender a realizarlas con tiempo  para poder disfrutar después del resto del tiempo y de la sensación de logro de haberlas realizado.
  2. Llevar a cabo un diario de emociones relatando el suceso que desata el atracón o la ingesta abusiva de comida hará que recapacitemos sobre la situación y podamos relacionarla con algún momento en concreto, alguna persona o hecho y así nos sea más fácil ponerle remedio
  3. Respirar hondo y tomarse un descanso antes de abrir el armario para “desconectar” y hacer un resumen de todo lo ocurrido en el día, de cómo nos encontramos, cómo se nos ha dado la jornada etc, en vez de ir siempre de una tarea a otra de forma mecánica.

 

Si a pesar de estos consejos detectamos que nuestra relación con la comida nos puede, nunca está de más pedir ayuda a profesionales como nutricionistas, coach, psicólogos,etc, que nos puedan ayudar a llevar el proceso de cambio lo mejor posible.

Vivimos conectados con el mundo y a veces hay que ser consciente de que uno sólo no puede con todo… ¡Somos humanos!

 

En caso de que te haya parecido interesante este artículo y quieres ampliar la información o se te ocurre otra consulta acerca de nutrición no dudes en ponerte en contacto con la web de Tuyocoaching 😉

 

Beatriz Perona Taibo.

Enfermera en Maternidad y pediatría, nutricionista y coach.

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