Entrevista a Imanol Ibarrondo

Entrevista a Imanol Ibarrondo

Imanol Ibarrondo es ex-futbolista (llegó a jugar en Primera División con el Rayo Vallecano) y actualmente es Presidente de INCOADE, Instituto de Coaching Deportivo. Es una figura de referencia en el acompañamiento a equipos profesionales, federaciones deportivas, entrenadores y deportistas, actuando cómo “despertador”, facilitando así que las personas y los equipos brillen. Ha publicado el exitoso libro “La primera vez que le pegué con la izquierda“, del que se han vendido miles de ejemplares, y en el que transmite su visión de que todos somos “bellotas”, ya disponemos de todos los recursos que necesitamos para transformarnos en nuestra mejor versión.

 

¿Quién eres? ¿Cómo has llegado hasta aquí?

La verdad es que no sabría decir quién soy… depende de dónde, cuándo, con quién… me voy descubriendo a poquitos, me observo, presto atención a mis pensamientos y emociones, voy aceptando poco a poco lo que hay e intento mejorar aprovechando cada situación que me ofrece la vida para responder con mayor consciencia y de forma más responsable y alineada con lo que valoro y es importante para mí.

En esencia quiero creer que soy una persona noble, positiva y bondadosa, y quienes me tratan, dicen de mí que me muestro entusiasta, que transmito con pasión y que resulto inspirador, regalos todos ellos que me impulsan a mejorar para poder seguir siendo merecedor de tales reconocimientos.

No tengo percepción de haber llegado a ningún sitio, siento que voy caminando, avanzando más hacia adentro que hacia fuera, siento que lo que estoy aprendiendo y lo que sé hacer empieza a ser útil y valioso para los demás y, a veces, me siento un privilegiado por poder compartir con otros buscadores los senderos que voy transitando.

También creo que todo lo que me pasado, mis experiencias, han sumado para estar en este momento del proceso de mi vida, así es que pienso que cada uno de mis descubrimientos y vivencias han sido relevantes. Hace algún tiempo ya que hice las paces con mi pasado y ahora puedo mirarlo con serenidad y agradecimiento. Siento que todo lo que pasa, pasa para algo y, así, estoy más abierto a las situaciones y desafíos que me va ofreciendo la vida. Siento que el universo (dios, la vida, la fuente, la energía…) no suele atender a los deseos de nadie, pero mantengo la creencia de que siempre nos ofrece lo que necesitamos en cada momento para crecer, de manera que todo lo que pasa en mi vida lo considero relevante. Intento pelearme menos con las cosas que (me) pasan y buscar aprendizajes e interpretaciones que me ayuden a seguir adelante. Algunas veces lo consigo.

 

Después de tu época de futbolista, en el año 2006 creaste Incoade, Instituto de Coaching Deportivo, organización que lideras desde entonces ¿qué te mueve ahora mismo? ¿dónde estás?

Lo que en estos momentos de mi vida da sentido a lo que hago es el deseo de contribuir al cambio necesario en los modelos de liderazgo en cualquier ámbito y sector de actividad. Creo que necesitamos líderes transformadores que tengan el coraje de brillar al servicio de personas y equipos sobre los que tienen el honor de liderar, y que se atrevan a creer y a crear nuevos futuros posibles y deseados para sus organizaciones. Líderes capaces de generar redes de conversaciones que impulsen a la acción y en las que las personas se sientan escuchadas, comprendidas, visibles, reconocidas, valiosas y queridas. Líderes inspiradores y capaces de descubrir el talento oculto de cada persona que forma parte de sus equipos y que con sus comportamientos, actitudes y lenguaje se hagan dignos de su confianza y compromiso.

Además de la formación y del trabajo individual con entrenadores y deportistas, lo que realmente me apasiona es trabajar con grupos de personas que están todavía lejos de poder ser consideradas como equipos y, mucho menos, equipos de alto rendimiento. Son grupos compuestos, en la mayoría de los casos, por relaciones deterioradas por la ausencia de conversaciones, por personas desilusionadas que acuden escépticas, sin muchas o ninguna esperanza de cambio, cerradas y desconfiadas, con un histórico de agravios (reales o imaginarios), quejas, excusas y justificaciones, con una actitud victimista y a la defensiva, a la espera de ver qué pasa… Me encanta ponerme a su servicio y acompañarlas en su proceso de toma de consciencia y de cambio… ese momento en que se descubren como personas valiosas, a ellas mismas y a los demás, personas que se necesitan y con las que pueden y desean compartir propósito y valores que les ayuden a ser mejores, individualmente y como equipo.

Disfruto mucho retándoles y sintiendo cómo comienzan a confiar y a atreverse, a mirarse, a escucharse, a comprenderse, a reírse juntos… Me emociona sentir ese momento en el que se inicia la re-construcción de lazos de confianza que estaban rotos a través de conversaciones de más calidad. Es entonces cuando comienza a emerger el Equipo, ese ente invisible e intangible a quien nadie conoce, que no ocupa mesa ni percha en ningún vestuario, pero que es el único capaz y responsable de alcanzar todos los éxitos colectivos. Lo más de lo más, es poder ser el observador privilegiado, al final de cada proceso,  que escucha con qué emoción declara cada integrante del equipo su compromiso individual, el gran regalo que se hace a sí mismo y a su equipo, con sus compañeros como testigos de un momento tan especial y significativo, el comienzo de la transformación de grupo a Equipo.

 

¿Qué experiencias te han marcado más para ser quien eres ahora y qué aprendiste de ellas?

Mi primer proceso de coaching con Julen Ortiz de Murúa fue una experiencia realmente reveladora para mí. En aquel momento descubrí que si con 20 años hubiera tenido cerca una persona con las (parecían) sencillas habilidades que él aplicaba conmigo, habría jugado 10 años en Primera división.

Lo vi tan claro que durante aquel proceso decidí ser yo esa persona para los demás. La decisión la tomé rápidamente aunque tardé algo más de un año en organizar el radical giro de rumbo personal y profesional al que necesitaba enfrentarme para poder comenzar a transformarme en quien necesitaba ser para merecer alcanzar un reto tan exigente.

 

Has impartido formaciones en el COE, CSD, FEF…, facilitas que “brillen” entrenadores del deporte base y de primer nivel, ayudas a crecer a deportistas de distintas disciplinas… ¿qué es lo que más te satisface de tu trabajo?

Siento que soy como un despertador, alguien que mueve y remueve a los demás, que los zarandea hasta que despiertan y toman consciencia de quién están siendo, de cómo se están comportando, de qué están pensando y de cómo se sienten, de cuál está siendo su impacto y de cuál les gustaría que fuera, de qué es lo mejor que tienen para ofrecer a los demás, de cómo sería si se atrevieran a ser quien realmente son, a dejar de hacerse las víctimas y asumir un rol protagonista en sus vidas, de qué sería posible y de qué serían capaces si lo hicieran…

Siento que les acompaño en su proceso de conectar con su esencia dormida, la que todos tenemos ahí, en lo más profundo de nuestro ser, esperando a que la despertemos o a que alguien crea en nosotros, ayudándonos a despertarla. Creo que les contagio por un rato mi energía, mi entusiasmo y mi creencia de que todos somos bellotas y que ya tenemos en nuestro interior los recursos que necesitamos para transformarnos en nuestra mejor versión.  No se me ocurre mayor privilegio.

Me hace sentir orgulloso que las personas y equipos que trabajan o se forman conmigo se atrevan a ponerse en marcha, a planificar y a organizarse para hacer lo que quieren hacer, que se comprometan a ser quien quieren ser, y me hace sentir profundamente reconocido y pleno que consideren que soy alguien digno de su confianza para compartir las cosas “de verdad” de las que se nutren nuestras conversaciones transformadoras.

 

¿Qué diferencias existen en el trabajo de un líder con deportistas y entrenadores, según la edad o fase en la que están los miembros del equipo?

Creo que todos los/as monitores/as, técnicos/as, o entrenadores/as en categorías de formación deberían ser conscientes y asumir con naturalidad que el 99,9% de los/as deportistas que pasen por sus manos nunca llegarán a profesionales. Pura estadística. Nada personal. De hecho, si alguno/a fuera tan bueno/a como para logarlo, lo conseguiría incluso “a pesar” de sus entrenadores/as. Considero que no deberían medir el impacto o la calidad e influencia de su liderazgo en función de las clasificaciones, resultados o del nivel de sus jugadores, sino por la huella imborrable que sean capaces de dejar en sus corazones. En realidad, son muy pocos quienes pueden discernir el impacto de su liderazgo con claridad. A diferencia de Guardiola, Simenone, Pat Riley, Cruyff… pocos de nosotros experimentaremos “momentos determinantes” en los que sintamos que nuestro liderazgo haya cambiado la historia o merezca ser escrito con letras de oro en sus libros.

Nuestros “momentos” son un patrón de vida, una manera de ser y de estar jalonada por cientos/miles de oportunidades ordinarias para producir sutiles diferencias en las vidas de las personas que nos importan. Quienes desean ejercer este rol del liderazgo al servicio de sus deportistas o equipos perseveran, no solo por orgullo, integridad y responsabilidad, sino porque son lo bastante confiadas, optimistas, ingenuas y humildes como para creer y esperar que la semilla de sus esfuerzos fructificará en tiempos, maneras y lugares que no pueden predecir ni controlar… y aún así, mantienen su determinación y entusiasmo para seguir dándole.

Las bellotas brotan cuando les toca, no cuando nos gustaría. Un formador y un entrenador en busca de resultados, se parecen tanto como un huevo a una castaña. El primero sabe que le toca sembrar y el segundo quiere/necesita recoger. Un buen líder es quien sabe qué necesitan sus jugadores en cada momento y se pone a su servicio para ayudarles a aprender lo que toca en cada situación. El liderazgo, indudablemente, se mide por los resultados que alcanza, pero su definición y medición deberían ser muy diferentes en formación que en el alto rendimiento.

Respecto al trabajo del líder en concreto, creo que hay pocas diferencias a la hora de ejercer el rol de liderazgo con los jugadores. Un deportista respetará a su entrenador si siente que mejora, aprende y crece cada día, pero se comprometerá con él si le hace sentir reconocido, importante y valioso, independientemente de si juega mucho o lo hace poco. El liderazgo tiene que ver con la conexión emocional y con la calidad de las relaciones, y se ejerce a través de las conversaciones (individuales y colectivas, públicas y privadas, personales y profesionales…), siendo la calidad de éstas lo que define el impacto y la influencia del liderazgo de cualquier entrenador, independientemente de la edad de sus jugadores.

 

Desde tu experiencia, primero en los terrenos de juego y ahora como experto en liderazgo, ¿qué es lo más importante de un entrenador?

Considero que no son sus conocimientos técnico/táctico/físico los que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso de un entrenador. Creo que esas competencias son como el valor en la mili, se le suponen, y se entiende que estará aprendiendo cada día y en proceso de actualización permanente. Lo que es realmente decisivo es que ames tu profesión, que la vivas con pasión y entusiasmo, y que tus jugadores te perciban como una persona digna de confianza, alguien en quien se puede creer, a quien poder seguir y con la que merece la pena comprometerse. Es decir, será tu capacidad de liderar al servicio de tus jugadores y de tu equipo lo que marcará la diferencia a largo plazo entre tu éxito y tu fracaso. La coherencia entre lo que eres, piensas, dices y haces, hará que tus jugadores te perciban como un líder inspirador para ellos.

 

En un equipo, ¿qué es lo fundamental?

Un equipo es mucho más que un grupo de personas que trabajan juntas. Creo que el valor diferencial de un equipo de alto rendimiento es la interdependencia, que todos tengan la sensación de que se necesitan unos a otros, que nadie puede conseguirlo solo y sin la ayuda de los demás, que se hagan co-rreponsables de los éxitos y los fracasos, que gestionen los conflictos como medios de aprendizaje, crecimiento y desarrollo del equipo, que se preocupen los unos por los otros, que si le silban a alguno, todos lo sientan como propio, que cuiden entre todos el clima emocional del equipo y que se sientan comprometidos con los mismos valores y comportamientos que les identifiquen. Que, aplicando el significado de la palabra UBUNTU (soy porque somos, sino nada sería), cambien el “yopor el “nosotros“. No se me ocurre mejor definición de Equipo ni mayor responsabilidad para un líder; transformar un grupo de personas en un Equipo al que todos se sientan orgullosos de pertenecer.

 

Y en un deportista, ¿qué es lo más importante? ¿cuáles son las habilidades/ cualidades/ aprendizajes clave para que alcancen las metas que se proponen?

Un deportista que quiera crecer y ser cada día mejor, debería tener claro, no tanto cómo de bueno es, sino cómo de bueno quiere ser.

En mi opinión, el desafío esencial para un deportista es aumentar cada día su nivel de consciencia y responsabilidad, hacerse dueño de qué está pensando y de cómo se siente ante cada una de las situaciones y retos que tendrá que afrontar en su vida deportiva. Necesita entender que todo lo que sucede conviene, que todo pasa para algo, que en cada situación hay un aprendizaje y una posibilidad de crecimiento, desarrollo y mejora. Descubrir que una mente serena y positiva, junto a un corazón agradecido y compasivo serán sus mejores aliados para alcanzar su máximo rendimiento disfrutando intensamente de su actividad. Necesita entrenar su mente, aprender a sembrar pensamientos que le ayuden a estar más sereno, presente y a jugar mejor, a gestionar sus emociones y a transformar sus estados de ánimo. Una parte más, y no precisamente la menos importante, del entrenamiento.

 

Como persona de referencia dentro del liderazgo deportivo, ¿qué es lo que más admiras del deporte? Y, ¿qué quitarías?

Lo que admiro del deporte es la posibilidad que nos ofrece a todos de poder vivir muy conectados a los mejores valores de cada uno. Considero que el deporte no tiene valores, tal y como se dice, somos las personas las que los tenemos, si bien el deporte, a diferencia de otros ámbitos de la vida, nos ofrece el contexto: las reglas, las categorías, los rivales, las normas, los árbitros… que nos permite competir alineados a lo mejor que tiene cada uno para ofrecer. El deporte nos abre la posibilidad de poder mostrarnos tal cual somos, con lo mejor y lo menos bueno de cada cual, nos enfrenta a todo ello y nos permite descubrirnos, conocernos y transformarnos en nuestra mejor versión, una y otra vez. En el deporte experimentamos y conectamos con valores tan esenciales para el ser humano como la generosidad, el sacrificio, la humildad, la nobleza, la disciplina, la solidaridad, la compasión, el respeto… ¡y tantos otros!  El deporte nos hace sentirnos vivos, crecer y ser mejores de lo que estamos siendo.

Por otra parte, cambiaría radicalmente algunas creencias limitantes del tipo “ganar es lo único importante“, “todo vale para ganar“, “el deporte es para listos“… y demás verdades absolutas que convierten a los deportistas y entrenadores en su peor versión, alejándoles en sentido opuesto de lo que podrían llegar a ser si se atrevieran a vivir mucho más conectados a su auténtica naturaleza y a la esencia del propio juego. Quitaría las trampas, modificaría radicalmente los sistemas de competición en el deporte base, los utilizaría como un medio para el crecimiento y desarrollo de los jóvenes deportistas, no como un fin en sí mismo, y formaría a todos los técnicos/as, entrenadores/as, directivos/as y padres en las “7Ps para brillar“. (Las 7 Ps para brillar es una formación vivencial que imparte Imanol, habitualmente de un fin de semana, en la que cómo él define, actúa de despertador, facilitando así que las personas y los equipos brillen)

Si tuviera que elegir solo una cosa para eliminar, sería una pregunta, la que los padres hacen a sus hijos cuando llegan de jugar un partido: “¿cómo habéis quedado?” si ha ganado, “¡bien, genial!“, si no lo ha hecho, “no te preocupes, ya ganarás el próximo“. De esta manera nos va quedando muy clarito desde pequeños qué es importante en esta vida y también en el deporte: ¡Ganar! el éxito es ganar. La felicidad viene después, si tienes éxito puedes (tienes derecho) a ser feliz. Esta forma de interpretar los resultados en el deporte comienza a instalar en nuestro ADN, desde muy pronto, una terrible y limitante creencia: “si gano, se alegran y me quieren, y si no gano, no me quieren tanto“. Ahí comenzamos ya a confundir nuestra naturaleza única y valiosa como seres humanos con nuestros logros, victorias, status, nivel social, económico, cultural

A partir de ahí, nuestra relación con el error comienza a ser tormentosa. Ya no nos atrevemos a arriesgar, porque podemos fallar y hacerlo mal y entonces podemos perder y nos criticarán y nos querrán menos. Y así, poco a poco, vamos cerrando nuestras posibilidades de cambio, transformación y aprendizaje para las que es necesario que nos equivoquemos, que fallemos (muchas veces) antes de hacerlo bien y poder así seguir mejorando y creciendo.

 

¿Cuál es tu meta profesional?

En los últimos tiempos he rebajado el tono de mis expectativas. No es que sea menos ambicioso (creo) sino que he descubierto que para tener impacto no hace falta pretender transformar el mundo, sino solo a mismo. Con eso sería más que suficiente y siento que así podré ayudar más y mejor a las personas de mi entorno, a todas aquellas con las que me encontraré en el futuro compartiendo una parte del camino y con las que tendré alguna relación, bien sea a través de una formación, un libro, un artículo, una conferencia… o sencillamente una conversación, colaborando y contribuyendo de esta manera a este cambio pendiente e imprescindible ya en el liderazgo al servicio de personas y equipos. Me gusta sentir que no deseo jubilarme de lo que hago y me veo dentro de 30 años en mi despachito, leyendo, escribiendo, reflexionando, aprendiendo, compartiendo y disfrutando cada día de conversaciones realmente transformadoras.

 

Te criaste y te formaste en el Athletic, club de tus amores, con el que sigues en contacto y del que eres un gran aficionado. ¿Qué es lo que más admiras de la “filosofía” del Athletic?

Lo que más admiro del Athletic como Institución, desde los jugadores que tienen el inmenso privilegio de vestir esa camiseta, hasta la última persona que se siente del Athletic, es su capacidad para juntarse cuando las situaciones se complican, para afrontar unidos los momentos difíciles, para superar juntos la adversidad y los malos tiempos, para no soltar nunca de la mano al equipo, reforzando y demostrando ahí, precisamente cuando más se necesita, el compromiso auténtico con una forma de ser y de entender el deporte y la competición sostenida por los valores y comportamientos de respeto, nobleza, lealtad y ambición de los que nos sentimos orgullosos, con los que nos identificamos plenamente, que nos hacen mejores personas, que dan sentido y significado a lo que queremos ser y representar, y en los que reside la grandeza de este Club. No necesitamos ganar siempre para sentir la profunda satisfacción de competir siendo fieles a una forma elegida de ser y de estar en el mundo del fútbol.

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